Hasta cuándo…


“No existe el Pueblo Palestino... ellos no existen”

(Golda Meir. Declaración al Sunday Times, el 15 de Junio de 1969).

“Retrato de las supervivientes españolas del holocausto judío”, se titula el extenso artículo que durante meses permaneció en la versión virtual del diario El País, de Madrid, y publicado en la edición de papel. El informe, en correspondencia a los 70 años de la terminación de la Segunda Guerra Mundial, revela los padecimientos que vivieron las mujeres españolas en distintos campos de concentración, especialmente el de Ravensbrück o Puente de los Cuervos, donde estuvieron detenidas 132.000 mujeres, 400 oriundas de la península ibérica.

De las sobrevivientes, sólo fue posible ubicar a tres, las cuales están en distintos puntos de la geografía europea, y cuyas edades oscilan entre los 90 y 100 años. Es decir, están a punto de desaparecer los últimos vestigios –testimonios vivos de sus protagonistas– de lo que constituye la más grande afrenta a la condición humana. La revelación nos deja nuevamente en estado de estupefacción y con múltiples interrogantes acerca de los merecimientos de la vida humana sobre la tierra. No es el momento de hacer aquí el inventario total de horrores que fueron elaborados por los nazis en aquel momento en que consideraban que solo su ‘raza’ debía prevalecer e imponerse en el mundo por los siglos y los siglos; pero sí es necesario recordar el episodio que se revive ahora a través de las confesiones de tres mujeres que han deseado permanecer en este pedazo de universo con el propósito de contar a sus semejantes las verdades de una infamia impulsada por la ideología, la política y la religión.

Sin inventariar, pues, hay que destacar algunos aspectos relevantes de varias entrevistadas. Neus Catalá, a sus 95 años, habla de los dantescos experimentos médicos que se llevaron a cabo entre las mujeres de aquel campo de exterminio, de la esterilización de que fueron víctimas y de la muerte de sus hijos frente a sus propios ojos. “A todo mi grupo nos pusieron una inyección para eliminarnos la menstruación con la excusa de que seríamos más productivas. Ocurrió en 1944; no la volví a tener hasta 1951”, expresa Neus, quien aparece en el informe con el traje de deportada en Holleischen, Checoslovaquia, el número 50446 en el pecho izquierdo, una pañoleta triste alrededor de la cabeza, y la mirada de los moribundos a punto de exhalar el último suspiro antes de ir al cadalso.

Lise Lindon, otra española, amiga de Santiago Carrillo y de Dolores Ibarruri, La Pasionaria, también expresa las vicisitudes de aquella tragedia, la cual aparece, con pelos, señales y retratos, en su libro “Memoria de la Resistencia”. Ella, junto a Conchita Ramos, quien fue llevada a los campos de exterminio cuando tenía 18 años, coincide en las escenas del absurdo: mujeres mordidas por los perros de presa y niños asesinados sin misericordia. “Lo recuerdo perfectamente. Uno de ellos, el más pequeño, tenía sólo tres o cuatro años y corría por la calle de los barracones. Una de las Aufseherinen le gritó, pero el niño no la escuchó y ella le lanzó el perro. Lo mordió y los destrozó. Después ella lo remató a palos”, afirma Conchita.

En fin, todo lo anterior surge a raíz de la conmemoración de los 70 años de la liberación de los campos de la muerte construidos por las fuerzas hitlerianas y donde se afirma que murieron más de cinco millones de judíos. A lo largo de los años, después de 1945, la humanidad entera ha sido solidaria con el pueblo judío y aún rechaza aquellos desmanes de la ideología fascista que tenía el propósito de borrarlos para siempre de nuestro mapa sangriento.

Pero, en mi caso, aquellas imágenes que se pueden ver en museos, tales como el centro de documentación Topografía del Terror, en Berlín; el museo israelí Yad Vashem, donde aparecen los planos del temible y temido Auschwitz; y en el Museo del Holocausto, en Washington, Estados Unidos… En mi caso, digo, al enfrentar con ojos de asombro este informe que evoca aquellos abominables hechos, vino a mi memoria la también reciente información que muestra el salvaje ataque del ejército israelí a la flota de activistas que iban a la aislada franja de Gaza con ayuda humanitaria.

En realidad, según los testimonios incontrovertibles, fue una acción miserable en la que hubo 14 muertos, activistas todos, que, en el fondo, luchan por romper un bloqueo infame que estrangula a un pueblo cercado, sometido y bombardeado por orden del Primer Ministro israelí Benjamín Netanyahu, quien salió a justificar la masacre con el pretexto de querer evitar la llegada a Gaza de cohetes, explosivos y material de guerra, cuando está comprobado que la llamada “Flota de la Libertad” llevaba diez mil toneladas de ayuda para contribuir a la supervivencia de un lugar sitiado, y 750 tripulantes entre los que se encontraban parlamentarios de varios países, un premio Nobel y, fíjese usted, un sobreviviente del Holocausto.

¿Hacia dónde vamos? Al ser preguntado el inmortal Premio Nobel, Gabriel García Márquez: ¿De dónde proceden los ovnis o quién los dirige?, contestó con su habitual buen humor, chispa genial y ‘mamadera de gallo’: “Los ovnis deben esta tripulados por seres cuyo ciclo biológico es desmesuradamente más amplio y fructífero que el nuestro. No se ocupan de nosotros porque acabaron de estudiarnos hace miles de años, cuando se hicieron las ultimas exploraciones del Universo, y no sólo saben de nosotros mucho más que nosotros mismos, sino que conocen inclusive nuestro destino. En realidad, la Tierra debe ser para ellos una isla de emergencia en los azares de la navegación espacial”. Y agregó: “Creo más bien que somos algo así como una aldea perdida en la provincia menos interesante del Universo, y que los discos luminosos que vemos pasar en la noche de los siglos nos miran a nosotros como nosotros miramos a las gallinas”.

En realidad, en ocasiones parecemos seres despreciables. Gallinas. Siguiendo a Gabo, las miradas de los nazis a los judíos en la Segunda Guerra Mundial parecieran las mismas que hoy lanzan los judíos a los palestinos. ¿Será?